14 de Febrero del 2014

Soberanía Alimentaria: Un concepto que requiere reflexión

Lugar: 
Global

 

La propuesta de soberanía alimentaria ha contribuido a iluminar dimensiones de la cuestión alimentaria y nutricional que no solían ser puestos a la luz; entre ellos, el derecho a la alimentación, la justicia social, la sostenibilidad de la agricultura, las relaciones de comercio internacional, la importancia de la agricultura familiar y de su acceso a los recursos productivos, la importancia de la mujer.

 

La viabilidad o imposibilidad de aplicar un modelo de soberanía alimentaria fue discutida por expertos durante el  evento “Soberanía Alimentaria: diálogo crítico”, organizado por la Universidad de Yale y The Institute of Social Studies de La Haya.

 

A propósito de las discusiones abordadas en el evento, algunas reflexiones:

 

¿Quién ejerce la soberanía? El estado nacional, los gobiernos subnacionales o los pueblos. De ser los últimos, de qué manera articulan sus decisiones con las del Estado nacional soberano.

 

Uno de los ámbitos controversiales es las implicancias que la soberanía alimentaria tendría para el comercio internacional: Por un lado, muchos gobiernos ceden parte de su soberanía en cumplimiento de acuerdos internacionales. En segundo lugar,  por la existencia de ventajas comparativas definidas, en buena parte, por las condiciones naturales de las diferentes países y regiones (clima, geografía, calidad de los suelos, hidrografía), ventajas que son uno de los motores del comercio internacional de alimentos. En tercer lugar, porque en varios países una parte importante de la producción familiar y campesina no produce para el mercado interno, sino exporta a los mercados internacionales (café y otros productos tropicales, bananos, etc.).

 

Frente a estas limitaciones a la soberanía nacional, se subraya la necesidad de que los alimentos no sean tratados como cualquier mercancía o commodity, dada su importancia para la sobrevivencia de las personas, de las colectividades y de los países.

 

El concepto de soberanía alimentaria no es definitivo, es un proceso de cambios continuos. Ha ido evolucionando desde 1993 hasta la actualidad. Ello habla de que hay una base social importante, dinámica y muy comprometida,  interesada en que la propuesta sea incorporada en la agenda global y en las agendas nacionales, y es posible afirmar que está avanzando en este empeño.  Pero también habla de la complejidad del tema, del hecho que convergen muchos desafíos de naturaleza socioeconómica, política y cultural  alrededor de los alimentos y de la nutrición.

 

El concepto de soberanía alimentaria reposa sobre varios supuestos que fueron materia de debate, supuestos que combinan consideraciones políticas con otras de naturaleza social, económica, cultural y ambiental. Quizá el principal supuesto es que la agricultura familiar (este es otro concepto que merece ser precisado, pues incluye una heterogénea diversidad de productores y actores sociales) está en la capacidad –o lo puede estar si se dan ciertas condiciones- de abastecer el mundo de alimentos. Estas ‘ciertas condiciones’ se derivan en buena parte, de políticas públicas.

 

Lograr la soberanía alimentaria requiere de un importante compromiso de los gobiernos y de políticas públicas adecuadas. Pero este compromiso supone una importante –y en muchos casos improbable- modificación en las prioridades de los gobiernos, y un cambio no menos importante en los criterios con los que se suele definir el ‘desarrollo’: crecimiento económico, eficiencia, relación costo-beneficio positiva, competitividad. Estos conceptos están construidos a la medida del capitalismo corporativo, y no suelen tomar en consideración las externalidades negativas económicas, sociales y ambientales que generan. Pero el capital corporativo tiene un inmenso poder fáctico y dificulta los cambios de las políticas públicas.

 

Algunos problemas de implementación fueron analizados a partir de estudio de casos de países que han expresado formalmente su opción por la soberanía alimentaria, pero que no han podido o no han tenido la suficiente voluntad política para implementarla. En particular, se mostró que la influencia y los intereses de los poderes fácticos pueden ser lo suficientemente fuertes y organizados como para neutralizar la  voluntad política gubernamental y las propias presiones de la sociedad civil.

 

Fue subrayada la necesidad de incorporar con mayor fuerza y creatividad la perspectiva de género al analizar los problemas de la alimentación y nutrición.

 

Fue interesante constatar que la opción por la soberanía alimentaria no está circunscrita a los países del llamado mundo en desarrollo, sino también de los países desarrollados, como testimoniaron participantes de los EEUU y del Canadá.

 

Componente: 
Institucionalidad