13 de Noviembre del 2013

Desnutrición infantil: más que un problema de alimentación

Resulta importante resaltar que, las intervenciones orientadas a reducir la desnutrición infantil, tradicionalmente, han puesto el énfasis en la provisión de alimentos cuando, en realidad, se trata de un problema más complejo que exige su complementariedad con otro tipo de intervenciones a fin de garantizar mejoras sustanciales en las condiciones de vida de la población.
Donde: 
PerúNacional
Fuente: 
Gestión

Si bien en la última década la tasa de desnutrición ha caído en más de 10 puntos porcentuales, cerca de un quinto de la población menor de 5 años todavía sufre de desnutrición crónica (18.1%), situación que se acentúa en el área rural (31.9%) y que muestra el largo camino que aún queda por recorrer.

 

Recientemente, el debate ha girado en torno a ciertas políticas puntuales para asegurar su reducción, no obstante, es importante notar que esta última responde a una serie de acciones que exigen la intervención articulada de los distintos sectores del gobierno, y que se encuentra lejos de tratarse de un problema relacionado exclusivamente con la ingesta de alimentos.

 

El estado nutricional del niño se encuentra determinado directamente por tres factores: la seguridad alimentaria del hogar; el cuidado que reciben los niños y las madres gestantes, y la salubridad del ambiente y el acceso a servicios de salud.

 

Lo primero, la seguridad alimentaria, implica que un niño tenga acceso al alimento suficiente, lo cual supone producir o recibir transferencias de alimentos y/o contar con el ingreso necesario para conseguirlo.

 

Lo segundo, el cuidado que reciben las madres (nutrición, controles prenatales, etc.) y los niños, depende íntegramente del cuidador y de su posición relativa con respecto a los otros miembros del hogar.

 

Por último, la salubridad del ambiente y el acceso a servicios de salud dependen del acceso tanto a sistemas de agua potable y saneamiento como a servicios de salud de calidad. Es cierto que en el Perú ya existen programas y actores involucrados que inciden sobre cada uno de estos factores de manera independiente; no obstante, su articulación es aún una tarea pendiente.

 

Esto último resulta fundamental, pues la evidencia muestra que, actuando de manera separada, el efecto medio de estas intervenciones es menor al que podría ser si es que se actuara en conjunto.

 

Además, resulta importante resaltar que, las intervenciones orientadas a reducir la desnutrición infantil, tradicionalmente, han puesto el énfasis en la provisión de alimentos cuando, en realidad, se trata de un problema más complejo que exige su complementariedad con otro tipo de intervenciones a fin de garantizar mejoras sustanciales en las condiciones de vida de la población.