10 Sep 2015

Las familias con menos tierras son más vulnerables a la desnutrición crónica

Autor: 
Miguel Pintado - Investigador CEPES
Fuente: 
La Revista Agraria - Agosto 2015

Uno de los principales problema que los diversos gobiernos de turno encuentran difícil de resolver en nuestro país es el de la desnutrición crónica (DC). Si bien en los últimos cinco años la DC ha venido reduciéndose de manera progresiva (23.2 % en 2010, 19.5 % en 2011, 18.1 % en 2012, 17.5 % en 2013 y 14.1% en 2014), estos promedios nacionales pueden ser muy engañosos. De la información brindada por el Ministerio de Salud (Minsa) se concluye que, en 2014, solo 16 provincias tuvieron tasas menores al 10 % de DC; 48 provincias, tasas entre el 10 y el 20 %; y las 127 provincias restantes, tasas superiores al 20 % de DC en niños menores de cinco años. El presente artículo examinará dos aspectos importantes que parecen influir en estas altas tasas de DC de la mayoría de provincias y que se relacionan directamente con la actividad principal que practican la mayoría de sus familias: la actividad agropecuaria.

Más tierras, ¿qué tierras?

Uno de los principales activos de las familias agropecuarias son sus tierras. Estas son el sustento de su producción y del cual depende la generación de buena parte de sus ingresos, los que si son mayores les permitirán acceder a una canasta más variada de alimentos, con lo que se reducen las posibilidades de que los niños padezcan de DC. Utilizando datos del Cenagro 2012 y del Minsa, hemos intentado identificar algunas pistas que permitan asociar este activo familiar (tierras) con la tasa de DC (ver cuadro 1). A primera vista, parece no haber ninguna asociación entre las tierras que poseen las familias agropecuarias de las distintas provincias y la tasas de DC, ya que las provincias que presentan tasas de DC por encima del 20 % tienen una extensión de tierras promedio bastante aceptable (más de 40 hectáreas) e incluso mayores que las 48 provincias que tienen tasas de DC menores (10 % - 20 %). Esta aparente falta de asociación se debe a que no estamos distinguiendo el tipo de tierras: hay tierras que son usadas para producir y, por tanto, influyen en los ingresos, y otras que tienen poca o ninguna significación económica. Si comparamos la columna de DC con la de tierras para cultivo, la asociación ahora sí es evidente: provincias con mayores tasas de DC son aquellas cuyas familias poseen, en promedio, menos tierras para cultivo que las provincias con menores tasas de DC. Más aún, en las 64 provincias con las tasas más altas de DC, las tierras de sus familias son principalmente montes y bosques, es decir, tierras que no son la base del sustento productivo.

El agua: un recurso vital

Así como las tierras son un importante activo para las familias agropecuarias, el agua también es un recurso de suma importancia y que parece tener un impacto notable en las tasas de DC del Perú. Si observamos nuevamente el cuadro 1 y nos detenemos a comparar las columnas de DC y tierras para cultivo para las dos primeras filas, notaremos una aparente contradicción: en las 48 provincias con tasas de DC de 10 a 20 %, sus familias poseen más tierras en promedio que las familias de las 16 provincias con menores tasas de DC. ¿A qué se debe? La respuesta la encontramos desagregando la columna de tierras para cultivo (cuadro 2). Si bien en las mencionadas 48 provincias sus familias poseen —en promedio— más tierras que las de las 16 provincias con menores tasas de DC, la mayoría de esas tierras no están bajo riego. Eso supone que no producen a un nivel óptimo, ya que al depender de las aguas de lluvias, las condiciones climatológicas podrían afectar la producción y, finalmente, los ingresos. La tercera y cuarta filas del cuadro 2 corroboran esta asociación entre la DC y la presencia de riego: las provincias con mayor DC poseen pocas áreas bajo riego. La importancia del riego en la DC también puede observarse desde el número de familias que poseen al menos una parcela bajo riego: conforme se evalúan provincias con mayor tasa de DC, la presencia de parcelas con riego disminuye. Finalmente, cabe destacar que al interior del país, muchas de las familias utilizan el agua de riego también para consumo personal. En este punto se debe tener especial atención, pues alrededor de un tercio de las familias de las distintas provincias con mayores tasas de DC declaran que el agua se encuentra contaminada.

Combatir la DC del país

Revertir la situación alimentaria crítica de muchas provincias no parece una tarea sencilla. Los promedios nacionales solo ofrecen una mirada sesgada de la situación: más de 100 provincias al 2014 aún tienen más del 20 % de sus niños menores de cinco años con DC. De ahí que el de la DC siga siendo un problema vigente y crítico. La desnutrición crónica es un problema mutidimensional. El presente artículo se centró tan solo en dos factores que pueden tener una influencia importante en las tasas de DC. Otros aspectos, como los ingresos no agropecuarios, la educación de la madre, las prácticas sanitarias, etc., deberán tomarse en cuenta para una estrategia que permita combatir este problema alimentario en el Perú.

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